26 noviembre, 2020 · Publicado por · Deja tus comentarios

¿Están acabando las nuevas tecnologías con nuestra competencia social?

Parece evidente que las nuevas tecnologías se han convertido en una herramienta imprescindible en nuestro día a día. Tienen un impacto tan relevante que, de hecho, hemos cambiado nuestro estilo de vida.

La sociedad actual está marcada por el uso de las nuevas tecnologías, especialmente por las denominadas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (en adelante TIC). Podemos decir por tanto que las TIC ya son parte de nuestras vidas.

Nuevas tecnologías: nuevo estilo de vida

De un lado, el impacto de las TIC supone progreso y modernización y nos aporta multitud de ventajas, pero de otro lado están contribuyendo a un cambio en nuestro funcionamiento social y en nuestra forma de comunicarnos. Nuestros hábitos y comportamientos están cambiando; pasamos más tiempo usando los aparatos electrónicos o conectados a Internet que compartiendo actividades con nuestra propia familia o amistades y este uso inadecuado de las TIC está ejerciendo un impacto directo en nuestras capacidades, siendo las habilidades sociales las más perjudicadas por esta influencia.

Las nuevas tecnologías digitales de entretenimiento parecen haber llevado el concepto de placer a un nuevo nivel y con una eficiencia, disponibilidad y facilidad de acceso nunca vistas antes en la sociedad moderna

(Echeburúa & Requenses, 2012).

El acceso y uso generalizado de las nuevas tecnologías, Internet, redes sociales, etc., ha cambiado la realidad social de muchos individuos. Por poner un ejemplo, las personas que tienen dificultades para relacionarse con los demás ya sea por introversión, falta de asertividad, estilos de comunicación inadecuados o con deficiencias en una o varias de sus habilidades sociales tienen una tendencia clara a mantener relaciones sociales de forma virtual frente al contacto personal directo. Esto favorece el desinterés por mejorar y ampliar sus propios recursos personales para la interacción con otros individuos, pues en un contexto virtual ya no le son necesarias. La consecuencia más evidente: no sabrán relacionarse adecuadamente en una interacción personal cara a cara con el otro, lo que puede generar a su vez nuevas dificultades para desenvolverse adecuadamente en su día a día.

Algunos expertos advierten que los nuevos hábitos o formas de comunicación serán los responsables de la pérdida de determinadas habilidades sociales. Algunos estudios apuntan que dicha pérdida ya se está produciendo entre los más jóvenes y adolescentes, pues conforman el grupo poblacional que más familiarizado está con el uso de las TIC.

Nativos digitales

Las nuevas generaciones, inmersas desde que nacen en las nuevas tecnologías, son los que mayores cambios están sufriendo en su modo de pensar y de relacionarse, siendo diferentes a la de los adultos mayores quiénes no conocen con tanta naturalidad el lenguaje de las nuevas tecnologías. Han cambiado de forma radical la comunicación tradicional por una comunicación digital; de hecho, son los propios jóvenes quienes se encargan de enseñar a los adultos a usar las nuevas tecnologías para poder adaptarse a los cambios.

Como hemos mencionado el uso de las TIC, concretamente el uso de las redes sociales, es especialmente relevante para los jóvenes ya que a través de ellas cubren ciertas necesidades psicológicas básicas, se muestran ante los demás, reafirman su identidad y su rol dentro de un grupo, etc. Y lo hacen sin exponerse, con un coste reducido, pues detrás de una pantalla superan la timidez y su miedo a hacer el ridículo. Pueden expresarse sin temer la reacción del otro. Sin embargo, esto provoca una pérdida de habilidades en el intercambio personal.

Estos déficits o esta analfabetización a la hora de establecer interacciones sociales de forma física han sido analizados en diversas investigaciones gracias a un creciente interés sobre el estudio de las habilidades sociales y el uso de las TIC.

En diferentes estudios se está observando como algunos grupos de jóvenes presentan serios problemas para interpretar las emociones de los demás.

Por ejemplo, un estudio de la UCLA (Universidad de California, Los Ángeles) concluye que se están perdiendo habilidades para interpretar elementos de la comunicación no verbal como pueden ser nuestras expresiones faciales o el uso de gestos.

Como ya se ha mencionado, existe una generación que ha crecido con el smartphone y con dispositivos electrónicos, individuos que han estado relacionándose con los demás a través de mensajes en redes sociales. Su desarrollo ha estado ligado desde que nacieron a las nuevas tecnologías y han desarrollado sus habilidades sociales a través de interacciones virtuales en su mayoría. El estudio de la UCLA sugiere que este frecuente e inadecuado uso ha provocado la reducción de la habilidad para reconocer emociones en el rostro de los demás. Las habilidades sociales de estos jóvenes se están viendo mermadas al emplear poco tiempo a las relaciones cara a cara.

Para obtener estos resultados el equipo de investigadores, capitaneados por la psicóloga Patricia Greenfield, compararon dos grupos de estudio. Pidieron a un grupo de jóvenes no utilizar ningún dispositivo durante cinco días y luego compararon los resultados con otro grupo que siguió con el uso normal de dispositivos electrónicos. Lo que observaron fue que, claramente, el primer grupo consiguió mejorar su capacidad para interpretar con eficacia las emociones humanas, mientras que el grupo que siguió utilizando los dispositivos no consiguió mejoras significativas.

La interacción virtual no puede sustituir la experiencia directa

Los datos registrados permitieron concluir además que las interacciones virtuales no pueden sustituir la experiencia de las relaciones en contacto directo con otras personas, especialmente cuando se trata de identificar e interpretar emociones.

Otras investigaciones evidencian las consecuencias negativas que se están presentando en la actualidad en cuanto a la pérdida de habilidades sociales por el uso o abuso de redes sociales; en concreto, un mayor aislamiento social, una mayor probabilidad de sufrir depresión, un inadecuado ajuste social, adicción a las redes sociales e Internet, etc.

Entre estas investigaciones podemos nombrar la realizada por Herrera, Pacheco, Palomar y Zavala (2010), cuyo trabajo se centró en demostrar la relación existente entre la adicción a Facebook, una baja autoestima, depresión y falta de habilidades sociales en 60 estudiantes universitarios. Los resultados demostraron que los individuos adictos al uso de Facebook mostraban una mayor tendencia a la depresión, eran poco asertivos, la calidad de sus relaciones interpersonales era muy pobre y además manifestaban mayores dificultades para hablar en público que aquellos individuos que no eran adictos. Parece claro que a mayor adicción a las redes sociales se presenta un menor nivel de habilidades sociales en general.

Otros autores afirman que el uso indebido de las nuevas tecnologías, además de afectar nuestras relaciones interpersonales, hará que perdamos nuestra capacidad para comprender el lenguaje corporal, por lo que seríamos incapaces de ser asertivos, por ejemplo, para dar opiniones a los demás. Incluso podríamos optar por evitar el contacto personal en un futuro (Carballo, Pérez-Jover, Espada, Orgilés, y Piqueras, 2012).

El contexto adecuado

Pero, ¿por qué es necesaria la interacción personal?

Aunque actualmente es indispensable saber utilizar las nuevas tecnologías, ya sea en el plano personal o laboral, no podemos olvidar que no es recomendable utilizarlas como puente para el aprendizaje de habilidades sociales, ya que para el desarrollo de nuestras competencias sociales es necesario que se dé un contexto concreto en el que ponerlas en práctica y el contexto virtual no es el más adecuado.

Lo que permite a un individuo relacionarse de forma efectiva con los demás es el uso de las habilidades sociales. Su adquisición implica un proceso de aprendizaje que se da a lo largo de toda la vida, a través de diferentes tipos de relaciones personales, diversidad de grupos y contextos sociales, lo cual permite la adquisición de nuevos repertorios de conducta.

La única forma en la que aprendemos desde nuestra infancia a reconocer las emociones en los demás y a reaccionar en consecuencia es mediante las interacciones personales. Por lo tanto, si una persona carece de oportunidades para practicar sus habilidades sociales en un contexto apropiado tendrá menos capacidad para interpretar lo que sucede a su alrededor.

Los dispositivos tecnológicos no son suficientes para ayudarnos a desarrollar nuestras capacidades sociales. De hecho, y como hemos podido comprobar, un uso inadecuado de las redes sociales es contraproducente, siendo necesario limitar su uso especialmente a los más pequeños y jóvenes.

En definitiva, las nuevas tecnologías nos hacen la vida más fácil pero no nos ayudan a desarrollar o potenciar nuestras capacidades sociales tal y como las conocemos hoy en día.

Las consecuencias de usarlas indebidamente son muchas, pero se pueden prevenir limitando el tiempo de exposición a la red o fomentando hábitos saludables alternativos como el deporte, las actividades al aire libre, la lectura, etc., que, además, hacen posible compartir con la familia y las amistades un tiempo de calidad que nos enriquezca.

La otra cara de la moneda

A pesar de los datos aquí expuestos, es importante reconocer el impacto positivo que las nuevas tecnologías y las redes sociales tienen sobre la sociedad y sobre nuestra vida cotidiana, en la medida en que nos facilitan diferentes experiencias y aprendizajes, nuevas y más eficientes formas de comunicación, etc.

Pese a los estudios que afirman que el uso de las nuevas tecnologías, y en particular de las redes sociales, afectan negativamente a nuestras habilidades sociales, es innegable que estas herramientas tienen su lado positivo, sobre todo para aquellas personas que presentan más dificultades para relacionarse. Para ellas las redes sociales hacen posible expresar sus pensamientos, sentimientos y opiniones.

En definitiva, no podemos negar que las nuevas tecnologías y las redes sociales nos hacen la vida más fácil: aumentan nuestra capacidad de comunicación al acortar distancias, favorecen nuestra creatividad, nos entretienen en nuestro tiempo libre y nos ayuda a obtener oportunidades profesionales. La clave está en hacer un buen uso de ellas y ser capaz de desconectar debidamente para no caer en un uso abusivo o ineficaz de las mismas.

 

Referencias

Echeburúa, E., & Requenses, A. (2012). Adicción a las redes sociales y nuevas tecnologías en niños y adolescentes. Madrid: Pirámide.

Matali, J., & Alda, J. (2008). Adolescentes y nuevas tecnologías. Innovación o adicción. Barcelona: Edebe.

Psicóloga experta en formación. Diseña y desarrolla programas de entrenamiento para el desarrollo de competencias personales y profesionales

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