2 septiembre, 2019 · Publicado por · Deja tus comentarios

Hablar en público: tips para impresionar en los primeros minutos

He querido inaugurar mi espacio en el blog de Bakatia con una serie de publicaciones sobre la destreza de hablar en público porque la comunicación efectiva es una de las competencias profesionales más relevantes en el entorno laboral actual. Pero no pensemos que está restringido a conferencias multitudinarias; también puede ser clave en contextos muy diferentes como exponer una tesis, impartir una clase o presentar un proyecto ante un grupo de posibles inversores.

Y para mejorar nuestra competencia de hablar en público, qué mejor que comenzar por el principio: los primeros minutos de la exposición y qué puedes hacer para crear una buena conexión con tu audiencia desde el primer momento.

La manera en que abres y cierras tu presentación decide el resto del discurso. Te ganarás a tu público o perderás su atención desde el primer momento que aparezcas ante ellos. Evidentemente, no todo está perdido si no sale bien, aunque nada determina más la efectividad de tu presentación que los primeros minutos.

Tu público te juzgará desde el primer momento, sí, así que bien merece la pena dedicar un tiempo a preparar con esmero la forma en que os vais a presentar tú y tu mensaje. Ten en cuenta que si consigues captar su atención al principio, ya tienes prácticamente todo el trabajo hecho.

La clave no reside tanto en lo que dices, sino en lo que proyectas y evocas en ellos.

El inicio de tu discurso no tiene por qué ser impecable ni resolver todos los problemas del mundo si no que tiene un único objetivo: convencerles de que merece la pena escucharte.

¿Cómo ganarte entonces su confianza y su atención? Te proponemos a continuación una serie de estrategias para brillar desde el primer momento:

  • No utilices diapositivas. Si necesitas usar diapositivas en tu presentación, procura que sean lo más claras y concisas posible y utiliza imágenes y gráficos en vez de texto siempre que puedas. Es preferible no basar tu discurso en estas presentaciones, recuerda que deben complementar tu presentación oral, no sustituirla, así que utilízalas sólo cuando las necesites y mantenlas apagadas cuando no sean necesarias. Evita, sobretodo, empezar y terminar de hablar proyectando las diapositivas. Estos momentos son cruciales y la atención debería centrarse en ti (sí, sé que no quieres tener tantos ojos clavados en ti, pero la energía que se genera es completamente distinta y necesitas conectar con tu público de una manera más personal y cercana).
  • Cuando comienzas a hablar para una audiencia, no es tan importante hacerles saber quién eres tú, sino hacerles comprender que tú sabes exactamente quiénes son ellos y, sobre todo, cuáles son sus preocupaciones y cómo planeas abordarlas. Es decir, empatiza con ellos y conseguirás que se interesen más por quién eres y lo que tienes que contarles.
  • Haz referencia a tu público, no a ti. Evita leer constantemente tus notas (especialmente al inicio) o hablar solamente de ti. En vez de eso puedes emplear alguna técnica que conecte más directamente con ellos, que los implique, como hacer una pequeña encuesta entre el público o contar una anécdota que se relacione directamente con el tema en cuestión y en la que se puedan ver reflejados. Eso es mucho más efectivo que decir tu nombre y recitar un guion con todo lo que sabes. Puedes dominar perfectamente la materia, tener tu discurso preparado al dedillo, pero necesitas conectarlo con ellos y con su mundo para que llegue a calar. Busca puntos de conexión y conseguirás que te presten más atención, te comprendan mejor y se interesen por lo que dices.
  • Cuenta una breve historia. Cada buen discurso contiene al menos una historia. A todos nos gustan las historias, así que procura introducir alguna, ya sea explícita o implícitamente. Las historias permiten ilustrar un hecho de una manera muy visual y personal. Te hacen más cercano a tu público y también el problema que se está intentando resolver. Se trata de hacerles vivir una situación, no escucharla asumiendo la visión de quien la expone sino de interiorizarla con los propios valores, experiencia y expectativas. Es por eso que funcionan tan bien, porque provocan emociones, te implican directamente y te hacen llegar a tus propias conclusiones.
  • Lanza una pregunta o un dato impactante. Pueden ser preguntas retóricas o preguntas que requieran una respuesta por parte de la audiencia. Las primeras incitan a la reflexión y a la comprensión del problema, las segundas implican directamente a la audiencia y fomentan la interacción y la participación. Ambas combaten la monotonía y atraerán la atención del público, favoreciendo que mantengan el foco en tu discurso. Al inicio de la exposición puede ser doblemente beneficioso si la pregunta es un tanto “provocativa” o si presentas algún dato espectacular relacionado con el tema de tu presentación.
  • Utiliza el humor de manera inteligente. Busca el toque de humor en algo que has escuchado o leído recientemente, en la historia que cuentes, en un error que has cometido, pero hazlo siempre de manera natural, siéntete 100% cómodo y deja los chistes para los humoristas. El humor es un buen recurso para relajar, tanto al orador como al público, y permite crear un clima mucho menos tenso y más favorable para la comunicación. Bien utilizado, el humor genera confianza, es persuasivo y sirve para cohesionar al grupo. Pero ojo, es un arma de doble filo que también puede generar rivalidades. Ten en cuenta que un chiste, por muy neutro que parezca, siempre tiene el potencial de ofender a alguien, así que trata de evitarlos y busca siempre un toque más “amable”.
  • Sonríe. Parece muy obvio, pero es que la sonrisa puede ser un factor decisivo y, al hablar en público, es muy fácil olvidarse de hacerlo. Por lo general, somos mucho más receptivos ante alguien que muestra una sonrisa sincera. En palabras de Gilman, es más probable que la gente reciba y procese la información cuando ésta viene de alguien que se muestra feliz de darla. Una sonrisa amable y sincera genera reacciones positivas en quienes la reciben porque transmite confianza y cercanía y genera una sensación de complicidad entre el emisor y el receptor. Es por ello una herramienta sensacional para romper la barrera con la audiencia y lograr más cercanía y conexión con ella. Sin embargo, cuidado, no hay que forzarla en todo momento. La premisa fundamental es mantener siempre la congruencia entre el mensaje verbal y el no verbal, de lo contrario, una sonrisa poco apropiada puede restar importancia al mensaje que queremos transmitir o generar confusión entre el público.
  • Evita frases hechas. Por su puesto, también son cruciales tus primeras palabras al hablar en público. Evita especialmente al principio y al final de la presentación utilizar frases hechas o insulsas: “muchas gracias, es un placer para mí estar aquí hoy”. Son, simplemente aburridas y carecen de genuinidad. Prueba con algo más personal y memorable, una frase más poderosa, que enganche al público, para que tu charla brille desde el principio, no te conformes con un “gracias a todos por venir”.

Después de todo esto es necesario dejar claro que, al hablar en público, no existe una única forma correcta de abrir un discurso, todo dependerá de la situación, los objetivos, el entorno… Hablar en público no es una ciencia, así que la clave está en probar lo que mejor funciona en cada momento. En este post te hemos ofrecido algunas técnicas de comunicación que suelen funcionar, pero recuerda que lo que importa es hacer llegar tu mensaje y para ello, la audiencia tendrá que sentir que merece la pena escucharte. Una vez que consigas eso, serán todo tuyos y estarán listos para más.

Si te ha gustado este artículo no te pierdas la segunda parte sobre: hablar en público y lenguaje no verbal.

Periodista y docente. Experta en comunicación, oratoria y debate.

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