14 octubre, 2019 · Publicado por · Deja tus comentarios

Asertividad, habilidad clave en la reducción del estrés laboral

Estrés laboral y asertividad

¿Qué es el estrés laboral y cómo nos afecta?

¿Qué es la asertividad y cómo nos ayuda en el manejo del estrés?

¿Por qué la asertividad es clave en la gestión del estrés laboral?

¿Cómo podemos mejorar nuestra asertividad en el trabajo?

Estrés laboral y asertividad

Cuántas veces a lo largo de tu vida laboral has sentido que estás cansado de tu trabajo, que cada día en la oficina es igual que el anterior, que te superan las tareas y que tus superiores no ayudan con sus exigencias imposibles. Vas a trabajar y en cuanto entras por la puerta te sudan las manos, te mareas, te sientes ansioso… Entonces activas el piloto automático y te preguntas ¿qué hago aquí?

Si has tenido esta sensación durante los últimos meses, si has experimentado altos niveles de  frustración y de tensión emocional entonces puede que estés padeciendo lo que se conoce como estrés laboral.

Pero, por suerte, esta situación puede revertirse o, en el peor de los casos, mejorarse. ¿Cómo? Entre otras muchas actuaciones, adoptando un comportamiento asertivo con respecto a nuestro puesto de trabajo y las relaciones que establecemos en dicho puesto.

Adoptar un comportamiento asertivo o conducta asertiva nos ayudará a reducir el estrés y la tensión, mejorará nuestra capacidad para enfrentarnos a retos o situaciones difíciles y, por consiguiente, nos ayudará a alcanzar un mayor desarrollo personal y a mejorar nuestras competencias profesionales. Por ello es importante, en primer lugar, identificar qué conducta adoptamos en nuestro puesto de trabajo y, en caso de no estar manteniendo una conducta adecuada, ver cómo podemos mejorarla desde la asertividad.

Pero vayamos por partes, analicemos brevemente qué se entiende por asertividad y qué por estrés laboral y cómo nos afecta.

Actualmente se ha reconocido el estrés laboral como uno de los más graves problemas de salud que padecen no solo las personas que trabajan en una empresa u organización sino también la propia entidad. Esto es, el estrés laboral no afecta únicamente al ser humano como individuo, sino que además se ha comprobado cómo una plantilla de personal con altos niveles de estrés laboral puede afectar directamente la salud de una empresa.

El alto coste que el estrés laboral supone a nivel personal y social ha provocado que organizaciones internacionales como la Unión Europea (UE) o la Organización Mundial de la Salud (OMS) insistan en que desde las entidades se programen actuaciones dirigidas a la prevención y al control del estrés laboral.

Es por esto por lo que desde diferentes ámbitos organizacionales existe un creciente interés en conocer éste fenómeno y en cómo afrontarlo. Este interés por el estudio y análisis del estrés laboral es compartido por otras disciplinas como el Coaching laboral o por la Psicología, existiendo numerosas investigaciones orientadas a conocer en profundidad el fenómeno así como a buscar estrategias para erradicarlo o reducirlo en la medida de lo posible.

Pero ¿qué es el estrés laboral y cómo nos afecta?

Desde un enfoque integrador se define el estrés como la “respuesta fisiológica, psicológica y de comportamiento de un individuo que intenta adaptarse y ajustarse a presiones internas y externas” (Del Hoyo, 2001). Así, el estrés en el ámbito laboral aparece cuando se presenta un desequilibrio entre el sujeto, el puesto que ocupa y la empresa u organización.

Ante este desajuste la persona siente que no dispone de las herramientas suficientes para superar la problemática laboral que le acontece, apareciendo así la experiencia de estrés (Del Hoyo, 2001). La situación exige que la persona realice un sobreesfuerzo que no puede afrontar por falta de recursos, se produce la activación del cuerpo típico del estrés, lo que terminará afectando a su salud física, mental y social, tanto a corto como a largo plazo si esta situación se mantiene a lo largo del tiempo.

La sintomatología propia del estrés laboral puede variar, pues no siempre se dan las mismas condiciones en todos los individuos. Por lo general, una persona estresada en su puesto de trabajo tiende a sentir mayores molestias físicas, enferma más fácilmente, puede sufrir alteraciones emocionales (ansiedad, apatía, aburrimiento, culpa, ira, agresividad, baja autoestima, etc.), puede presentar dificultades para concentrarse, tomar decisiones, sufrir bloqueos, baja tolerancia a la frustración, etc.

Además, las personas con estos síntomas suelen tener mayores niveles de absentismo, relaciones laborales pobres, baja productividad y bajo rendimiento laboral. Esto provoca que la entidad para la que presta sus servicios se vea también afectada con unas menores perspectivas de éxito, pudiendo suponer un verdadero problema para la empresa u organización.

Por su parte, las experiencias de estrés son generadas por una serie de situaciones ambientales o personales, que pueden ser muy diversas, pero que se agrupan en lo que se conoce como fuentes de estrés o estresores. Hay que decir que estos estresores no solo provienen del ambiente sino también del propio sujeto.

Brevemente podemos decir que el estrés en el ámbito de trabajo puede ser desencadenado por fuentes de estrés o estresores físicos (temperatura, ruido, iluminación…), el propio puesto de trabajo (carga de tareas, variedad y complejidad de las mismas), el rol del trabajador, sus relaciones interpersonales, aspectos organizacionales y los relacionados con las nuevas tecnologías (Buendía & Ramos, 2001; Peiró, 1999).

De mayor peso son los factores personales e interpersonales, ya que van a intervenir de forma decisiva en el proceso de estrés laboral. Las características personales del trabajador aumentan o disminuyen significativamente el riesgo de padecer estrés en el ámbito laboral. Determinados rasgos de personalidad, determinados patrones de conducta, la forma cómo se percibe el estrés o el uso de habilidades sociales han demostrado tener mayor relevancia en la generación de estrés que otros factores meramente ambientales.

Esto explicaría por qué el estrés no siempre está asociado a consecuencias negativas. Como todos sabemos, su presencia puede sernos de gran ayuda en diversas situaciones. Un manejo adecuado del estrés nos permite utilizar nuestros recursos personales, haciendo que nuestra autoestima salga reforzada al vernos capaces de superar dificultades, conseguir determinados objetivos o ser eficaces en la resolución de conflictos. Al mismo tiempo, aumenta la posibilidad de éxito en un futuro cuando surjan nuevos obstáculos o dificultades similares a las anteriormente superadas.

Una buena gestión del estrés va a generar un mayor bienestar físico y psicológico de los trabajadores, teniendo como consecuencia directa una mayor satisfacción laboral y un aumento en la productividad.

¿Qué es la asertividad y cómo nos ayuda en el manejo del estrés?

Como ya hemos mencionado, nuestras características personales y formas de actuar serán determinantes durante el proceso de estrés laboral. Como se dijo al principio de este artículo, el estrés laboral puede afrontarse desde la adopción de una habilidad social clave para el bienestar personal y laboral. La asertividad.

No existe una única definición para asertividad, pero en términos generales existe un consenso en describirla como aquella habilidad social o comunicativa que permite expresarnos de forma efectiva. Consiste en conocer nuestros propios derechos y defenderlos, respetando los derechos de los demás. Es una forma de comunicación basada en el respeto, expresando de forma directa lo que sentimos y pensamos sin perjudicar al resto.

Hay personas que han aprendido a comportarse de manera asertiva en diversas situaciones. Ajustan sus valoraciones e interpretan adecuadamente lo que pasa a su alrededor, comportándose así la mayor parte del tiempo. Incluso cuando padecen estrés son capaces de manejarlo de forma efectiva.

Sin embargo, el estrés laboral suele ser difícil de manejar.

¿Por qué la asertividad es clave en la gestión del estrés laboral?

La asertividad nos da herramientas para comunicarnos efectivamente con los demás y defender nuestros derechos. Por ejemplo, podemos decir con amabilidad y firmeza que no podemos realizar una determinada tarea, que no nos quedaremos después del horario habitual de trabajo, que no podemos ayudar porque tenemos otras tareas prioritarias, etc. Esto ayudará a eliminar sobrecargas de tareas, a planificarnos y a organizar nuestro trabajo de forma efectiva.

En Psicología, se suele hacer una distinción entre tres estilos de comportamiento: pasivo, agresivo y asertivo.

La asertividad se ubica entre los extremos de comportamiento agresivo y pasivo. Desde una comunicación asertiva la interacción social se transforma en saludable, con las ventajas que esto conlleva.

Por poner un ejemplo, una forma de expresarse asertivamente sería:

“Me gustaría poder ayudarte pero en este momento no me es posible. Tengo una tarea prioritaria que debo finalizar”.

En lugar de ponernos a la defensiva porque ya hemos perdido el control de la situación muchas veces es suficiente con decir NO y ofrecer alguna otra solución a lo que nos plantean.

Si dijéramos lo mismo de forma agresiva nuestro mensaje no llegaría, no nos harían el más mínimo caso puesto que provocaría una reacción negativa en nuestro interlocutor, aumentando la tensión tanto en los demás como en nosotros mismos.

En otras ocasiones puede que nos comportemos de forma pasiva, optar por no decir nada y hacer todo lo que se nos diga para evitar posibles conflictos. Pero tanto la respuesta agresiva como la pasiva generan más tensión en la persona y contribuyen a aumentar el estrés laboral.

Cuando las adoptamos una actitud pasiva, cuando no respetamos nuestros derechos y hacemos sin rechistar lo que nos piden lo más probable es que acabemos sintiendo ira, frustración o desmotivación. Callar no es la solución, así como tampoco lo es actuar desde un estilo de conducta agresivo.

Es la conducta asertiva la clave en el manejo de las relaciones en el trabajo. Además, como ya hemos comentado, la asertividad está estrechamente relacionada con la autoestima. Utilizando la comunicación asertiva estaremos reforzando nuestra autoconfianza, se generará mayor satisfacción, mejoraremos la comunicación, etc. Todo ello conlleva a una disminución de la experiencia estresante que se da cuando no hacemos nada para equilibrar el desajuste que disparó nuestros niveles de estrés.

Utilizando nuestras habilidades asertivas disminuiremos el desequilibrio entre las demandas del ambiente y los recursos disponibles, pues estaremos continuamente actuando de acuerdo a nuestras propias posibilidades.

Si bien es cierto que existen otras fuentes de estrés que no podemos controlar como los factores ambientales o el comportamiento de otras personas, sí podemos controlar el nuestro. Podemos entrenar nuestra asertividad para aplicarla en nuestra vida diaria. En definitiva, la forma de prevenir el estrés y aumentar la satisfacción laboral es aprender a ser más asertivo en nuestro entorno laboral.

¿Cómo podemos mejorar nuestra asertividad en el trabajo?

Si te identificas con alguna de las siguientes situaciones probablemente no estás siendo asertivo:

  • En ocasiones no dices lo que piensas en una reunión de trabajo y te has limitado a escuchar.
  • Cuando alguien no cumple con sus responsabilidades no le dices nada para no provocar un conflicto.
  • Necesitas y sabes que te mereces un aumento de sueldo pero no te atreves a pedirlo por no decepcionar o molestar a tus superiores o porque crees que no lo aceptarán.
  • Impones tus ideas en las reuniones y desvalorizas las opiniones de los demás.
  • No transmites tu mensaje, das órdenes.

El primer paso que nos ayudará a comportarnos de manera asertiva es conocer nuestros derechos asertivos. Esta es la base de todo entrenamiento en asertividad.

Para lograr mantener una actitud asertiva tanto en el ámbito laboral como el personal se recomienda realizar un buen entrenamiento en habilidades sociales.

Dentro de las habilidades asertivas, existen dos técnicas clave que pueden ayudarnos especialmente en nuestro puesto de trabajo. Concretamente estamos hablando de Decir no y Hacer peticiones.

Aprender a decir NO

No es fácil decir NO a los demás. Hacerlo de forma que no entorpezca nuestras relaciones con los demás es complicado. En numerosas investigaciones se ha encontrado que las personas que no son capaces de negarse ante las peticiones de los demás se sienten frustradas, desmotivadas e incluso aumentan su ira. Algunas estrategias sencillas para que puedas ponerlas en práctica en tu día a día son.

  • A la hora de rechazar peticiones debemos hacerlo desde la tranquilidad.
  • Explicar por qué no aceptamos la petición. No es necesario excederse en la explicación, simplemente explica el motivo por el que no puedes o no quieres hacer lo que te piden.
  • Si no estás seguro, pide un tiempo para pensar o consultar la petición.
  • No respondas a la manipulación emocional.
  • Si la persona no acepta tu NO, aplica la técnica de Disco Rayado (repite las veces que haga falta tu argumento para rechazar su petición, siempre desde la calma).
Hacer peticiones

Muchas veces necesitamos ayuda de los demás, especialmente en el ámbito laboral. Sin embargo, aunque es una práctica natural, a veces se nos hace difícil pedir ayuda. A continuación te damos algunas recomendaciones sencillas para que las apliques a la hora de hacer peticiones de forma asertiva. Para pedir ayuda se recomienda:

  • Ser claros y directos. No utilices un mensaje ambiguo ni le des más vueltas de las necesarias. Simplemente realiza la petición de forma directa.
  • Explica por qué necesitas ayuda o por qué estás realizando la petición, sin caer en justificaciones.
  • No pidas disculpas por pedir ayuda.
  • Si te contestan con un NO, acepta la respuesta y no lo tomes como algo personal.
  • Respeta el derecho de los demás a decir NO.

Otras recomendaciones que se pueden poner en práctica son las siguientes:

  • Entrenar tu empatía.
  • Valora el trabajo que ya has terminado y no el que te queda por hacer.
  • Relativiza, intenta no dramatizar cada situación.
  • Evita la queja constante.
  • Organiza y prioriza tus tareas en función de tus capacidades y recursos teniendo en cuenta el tiempo del que dispones.
  • Tómate unos minutos durante tus tareas. Relájate, respira y toma perspectiva de la situación.

Referencias:

Buendía, J. y Ramos, F. (2001). Empleo, estrés y salud. Madrid: Pirámide.

Del Hoyo, M.A. (2001). Estrés laboral. Madrid: Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo.

Peiró, J. M., (1999). Desencadenantes del estrés laboral. Madrid: Pirámide.

Psicóloga experta en formación. Diseña y desarrolla programas de entrenamiento para el desarrollo de competencias personales y profesionales

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