10 diciembre, 2019 · Publicado por · Deja tus comentarios

Cómo saber si eres una persona con habilidades sociales

Habilidades sociales para las relaciones de calidad

Distintos estilos de conducta

Estilo pasivo

Estilo agresivo

Estilo asertivo

¿Por qué nos cuesta ser asertivos?

Habilidades sociales para las relaciones de calidad

El ser humano se caracteriza por su naturaleza social, necesitamos convivir con otras personas para sobrevivir. Tanto es así que mantenemos interacciones sociales e interpersonales la mayor parte de nuestro tiempo, ya sea con nuestros amigos y familiares o en el ámbito laboral.

Es por esto por lo que establecer relaciones de calidad resulta fundamental para nuestro bienestar general y nuestro desarrollo personal. Y la clave para la consecución de buenas relaciones es, sin duda, el desarrollo de habilidades sociales.

Es muy común que ocasionalmente manifestemos algunas dificultades en el ámbito social y relacional. A veces nos cuesta rechazar peticiones, nos sentimos incómodos ante ciertas situaciones o incluso nos cuesta pedir ayuda a los demás. Estos y otros ejemplos que nos suceden diariamente tienen que ver en gran medida con el uso que hacemos de las habilidades sociales.

A grandes rasgos, podemos decir que una persona considerada como socialmente hábil es aquella que se comunica consigo misma y con los demás de forma eficaz, utilizando adecuadamente diferentes habilidades sociales en diversos contextos.

Según Caballo, la conducta socialmente habilidosa se define como “el conjunto de conductas emitidas por un individuo en un contexto interpersonal que expresa los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de ese individuo de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas” (Caballo, 1993).  

De todo esto podemos deducir que las habilidades sociales en general permiten utilizar un estilo de comunicación eficaz para manejar diferentes tipos de situaciones, especialmente situaciones difíciles como la resolución de conflictos.

Ser una persona socialmente hábil implica que se es capaz de comunicar de manera directa, sincera y respetuosa los sentimientos, emociones y pensamientos, respetándose tanto a sí mismo como a los demás y en cualquier situación.

Sin embargo, hemos de aclarar que no existe una única forma de comportarse adecuadamente. De hecho, si comparamos el comportamiento de dos o más personas es probable que se comporten de forma totalmente diferente en la misma situación y que, aun así, el comportamiento siga siendo socialmente adecuado. 

Además, no siempre actuamos de forma socialmente adecuada ni lo hacemos en todas las situaciones posibles. Cada individuo tiene sus destrezas y sus debilidades en cuanto a su competencia social.

Distintos estilos de conducta

Sin ir más lejos, si analizamos el comportamiento de personas con déficit en habilidades sociales nos daremos cuenta de que suelen afrontar las situaciones de forma errónea. En general optan por las siguientes opciones:

  • Evitan determinadas situaciones o acceden a lo que los demás piden sin tener en cuenta sus propias necesidades.
  • O, por el contrario, imponen su propio criterio sin tener en cuenta el de los demás y sin respetar las opiniones del resto.

Es lo que se conoce como conducta pasiva y agresiva respectivamente. En ambos casos puede existir bien una carencia de habilidades sociales o, aunque sí posea ciertas habilidades, no puede manifestarlas porque algo le obstaculiza (por ejemplo, ansiedad, nerviosismo, fobia social, etc.).

Cuando una persona sí posee habilidades sociales y las aplica en su vida diaria manifiesta una conducta asertiva.

Por tanto, podemos deducir que la principal diferencia entre personas hábiles socialmente de las poco hábiles es el uso de un comportamiento asertivo.

En términos generales, y recordando la definición de conducta social habilidosa, podemos decir que la asertividad es una estrategia de comunicación que consiste en defender nuestros derechos, expresar lo que pensamos y sentimos de forma honesta sin perjudicar a los demás. Se considera a la asertividad como a una de las habilidades sociales básicas.

A continuación, vamos a analizar con más detalle los tres estilos de comportamiento mencionados en párrafos anteriores: 

Estilo pasivo

Las personas con estilo pasivo respetan los derechos y opiniones de los demás, pero no tienen en cuenta los suyos propios. Por lo general, suelen aceptar las peticiones por complacer a los demás y evitar conflictos innecesarios.

Suelen ser personas sumisas, tímidas, apenas mantienen la mirada y el contacto ocular. Su lenguaje se caracteriza por una menor fluidez verbal, el uso de muletillas y mayores silencios en la conversación.

A nivel fisiológico suelen presentar más tensión cuando están interactuando con los demás y esta tensión se da tanto a nivel emocional como corporal.

Las personas con un comportamiento pasivo suelen tener una baja autoestima, actúan con el objeto de ser aceptados por los demás, buscando su aprobación. Como consecuencia, esta forma de actuar

va a generar en el individuo sentimientos de tristeza, culpabilidad, frustración… afectando todavía más a su ya malograda autoestima.

En ocasiones, este círculo vicioso puede derivar en comportamientos más propios del estilo agresivo. La persona sumisa puede llegar a su límite, estallando para soltar lo acumulado, generando así una fuente de conflicto.

Estilo agresivo

Las personas con estilo agresivo consideran sus propios derechos como los más importantes y no respetan los derechos de los demás.

Al igual que las personas con comportamiento pasivo, las de estilo agresivo poseen una baja autoestima, sin embargo, lo expresan de manera distinta: utilizan un lenguaje más agresivo y tono de voz más alto, mantienen mirada fija y desafiante. Suelen interrumpir los turnos de conversación y recurren frecuentemente a insultos y amenazas. Estas actitudes provocan rechazo por parte de los demás.

Las personas con estilo agresivo piensan que si se comportan de forma más complaciente los demás pueden aprovecharse de su vulnerabilidad, mientras que si se comportan de forma agresiva conseguirán imponer sus ideas y opiniones.

La consecuencia de este tipo de comportamientos es que aumentan significativamente el nerviosismo y la frustración, así como la sensación de pérdida de control. Además, se genera un fuerte conflicto, lo cual le llevará a experimentar emociones negativas consigo mismo y con los demás.

Existe un estilo, mezcla de los dos anteriores. Es el estilo pasivo-agresivo. Las personas que adoptan este estilo se caracterizan por ser dependientes y manipuladoras al mismo tiempo. Suelen hacer uso de la manipulación emocional en sus relaciones.

Utilizan un lenguaje sarcástico, lleno de ironías e indirectas. Aunque aparentan ser personas amables y sencillas en el fondo son hostiles. Poseen una baja autoestima y escasa asertividad.

Estilo asertivo

Los que adoptan un estilo asertivo defienden sus propios derechos al mismo tiempo que respetan los derechos de los demás. Este tipo de comportamiento es el considerado como el ideal. Estas personas emplean un tono de voz adecuado, un lenguaje fluido, mantienen el contacto ocular, gesticulan más con las manos, sonríen más, muestran mayor afecto y son capaces de escuchar activamente.

Muestran sus sentimientos, ya sean positivos o negativos, con naturalidad y si no están de acuerdo con alguien pueden expresarlo desde la calma. Al mismo tiempo, aceptan las críticas o correcciones de los demás sin sentir incomodidad por ello. Resuelven los problemas cotidianos incluso antes de que surjan emociones como la ira o el enfado, actuando antes de que la situación esté fuera de control. Suelen tener un nivel de autoestima adecuado, autoconfianza y controlan la gestión de sus emociones. Este tipo de comportamiento ayuda a generar relaciones sociales de calidad. 

Y ahora, ¿con qué estilo te identificas? ¿Crees que adoptas una actitud asertiva ante la vida? Si no es así, no desesperes. Por suerte, la asertividad no es una habilidad con la que se nace, no es una propiedad innata del ser humano, es posible aprender a ser más asertivos y mejorar nuestras capacidades sociales. Para ello, es necesario conocer y poner en práctica diferentes estrategias comunicativas.

El entrenamiento en habilidades sociales

Un entrenamiento en habilidades sociales convertirá a quien entrene en alguien más resolutivo en sus interacciones sociales, aumentado por ende sus competencias profesionales y personales. Además, gracias a la asertividad adquirida mediante el entrenamiento se reforzará la autoestima y confianza en uno mismo.

Además de los estilos de comportamiento analizados, ¿qué diferencia a una persona socialmente hábil de otra que no lo es?

Algunos estudios sugieren que para responder a esta pregunta debemos atender a tres elementos o dimensiones: conductual, cognitiva y fisiológica. Dichos estudios, basados en la comparación directa de dos grandes grupos de personas (los habilidosos socialmente y los que no lo son) sugieren que las principales diferencias se centran en la dimensión conductual y cognitiva, ya que no se encontraron datos concluyentes para la dimensión fisiológica. Esto es, en cómo actúa y cómo piensa el individuo. 

Así, a nivel conductual encontraron mayores diferencias en el nivel de asertividad. Además, destacan las diferencias en la mirada, el tiempo del habla, la fluidez y la entonación de la voz.

altas y bajas habilidades sociales

En cuanto a nivel cognitivo, parece que lo que diferencia que un comportamiento sea habilidoso socialmente o no es la presencia de pensamientos y/o autoverbalizaciones positivas o negativas, puesto que los resultados arrojaron que los grupos de personas con habilidades sociales suelen tener más verbalizaciones positivas y menos pensamientos negativos que los grupos menos habilidosos.

Habilidades sociales diferencias

¿Por qué nos cuesta ser asertivos?

Muchas pueden ser las razones por las que una persona presenta dificultades para comportarse de manera asertiva. En primer lugar, no todos hemos sido educados para actuar de esta manera. Es posible que algunas personas no aprendieran nunca cómo responder o reaccionar adecuadamente a determinadas situaciones. Puede que incluso hayan recibido un aprendizaje inadecuado en cuanto a competencias sociales se refiere y estén dentro de un estilo pasivo, agresivo o pasivo-agresivo de conducta. Existen casos en los que sí poseen habilidades sociales, pero no se manifiestan por factores como la ansiedad, pensamientos negativos, etc.

Otras razones como el miedo a decepcionar a otras personas o a ser rechazados por los demás, la culpa que sentimos al decir no, nuestras creencias erróneas, el no conocer nuestros derechos asertivos, el no querer parecer egoístas, etc., pueden obstaculizar nuestra transformación hacia una conducta socialmente habilidosa.

Pero el factor que más influye no es otro que nuestra falta de autoestima. Existe una estrecha relación entre autoestima y asertividad. Podemos decir que sin cierto grado de asertividad no hay autoestima. Si una persona tiene alta autoestima podrá comunicarse asertivamente, y si alguien es capaz de comunicarse asertivamente está reforzando su autoestima.

Es complicado sentirse bien con uno mismo si nuestras relaciones sociales y personales son de mala calidad. Cuando sentimos que no somos seres socialmente hábiles, cuando nos comportamos a través de un estilo pasivo, agresivo o pasivo-agresivo, cuando nos invaden las emociones negativas nuestra seguridad y confianza disminuye.

La única forma de romper este círculo vicioso entre falta de asertividad y baja autoestima pasa por entrenar nuestras habilidades sociales. A medida que vayamos aprendiendo nuevas técnicas y experimentando en la práctica los efectos que tienen en nosotros y en los demás, nos volveremos más habilidosos socialmente, más asertivos en más situaciones y, como consecuencia, nuestra autoestima y confianza ser verán reforzadas.

 

Referencias

Ballester, R. y Gil, M.D. (2002). Habilidades sociales. Madrid: Síntesis.

Caballo, V.E. (1993). Manual de evaluación y entrenamiento de las habilidades sociales. Madrid: Siglo XXI.

Psicóloga experta en formación. Diseña y desarrolla programas de entrenamiento para el desarrollo de competencias personales y profesionales

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